El perro finlandés de Laponia tiene un temperamento excepcionalmente dulce y amistoso, y se une profundamente a su familia. Inteligente y dispuesto a colaborar, aprende con facilidad y responde de maravilla al adiestramiento basado en refuerzo positivo.
Es activo y resistente, herencia del trabajo con los rebaños de renos. Necesita ejercicio regular y ocupación mental, y destaca en deportes caninos como el agility, la obediencia, el rastreo o el pastoreo.
Conserva un marcado instinto de pastoreo y cierta tendencia a ladrar: puede ser hablador. Es vigilante pero no agresivo, y se encuentra perfectamente a gusto con niños y con otros animales.
Es una raza sensible, que lleva mal la soledad y el trato brusco. Se desarrolla plenamente en contacto estrecho con sus cuidadores, tratada como un miembro más de la familia.
